La rivoluzione è finita? La influencia de la criminología crítica en el contexto español

José Ángel Brandariz (Universidad de A Coruña)
Ignacio González Sánchez (Universidad de Girona)

new_criminEn la actualidad, cuando ya han pasado casi cincuenta años del clásico The New Criminology (Taylor, Walton y Young 1973), evocar la influencia de la criminología crítica en el campo criminológico español parece un ejercicio de cierta complejidad y –tal vez- con escaso sentido.

En el contexto académico de muchos países, la criminología crítica aparece como una moda del pasado, una orientación analítica que vivió una emergencia tan intensa como breve. Suele quedar reducida a un capítulo de la historia de las teorías criminológicas, estando mucho menos desarrollada la aplicación de sus postulados en la investigación empírica. Pareciera que, como su solución última pasa por acabar con el capitalismo y esto se percibe como una utopía, la mayoría de sus aportaciones (como el cuestionamiento de a qué llamamos “delito” o la dudosa fiabilidad de las estadísticas policiales) no son aplicables –al menos, si no queremos cambiar de manera radical y profunda la forma de desarrollar la investigación criminológica.

En apariencia, el español podría muy bien ser uno de esos contextos. Hasta donde alcanzamos a ver quienes entramos en el ámbito académico mucho tiempo después de que los jóvenes teóricos de la National Deviance Conference publicasen sus textos clásicos, podría haber buenas razones para que fuese así. Como es bien conocido, la criminología es una disciplina de muy reciente consolidación en el caso español. De este modo, hace décadas había pocos incentivos (al menos, profesionales) para que las teorizaciones críticas se introdujesen en un ámbito universitario escasamente permeable a los análisis del delito y del castigo desde las perspectivas de las ciencias sociales. Sin embargo, no fue esto exactamente lo que sucedió.

En marzo de 1977, en la misma ciudad que unos meses después vería la publicación de Carcere e Fabbrica (Melossi y Pavarini 1977), A/traverso, una revista autoeditada por el sector creativo de los estudiantes de la Universidad de Bolonia, que en aquel momento se encontraban inmersos en una de las movilizaciones más intensas que se recuerdan, salió publicada con un título tan extraño como irónico: La rivoluzione è finita. Abbiamo vinto (La revolución ha terminado. Hemos ganado). Si bien los editores de A/traverso eran conscientes de que el movimiento estudiantil se agotaba, con pocos resultados, el texto pretendía señalar que sus demandas –sustancialmente anti-disciplinarias, centradas en el reforzamiento de la autonomía vital- iban a caracterizar los años venideros.

Más allá del acierto de los activistas boloñeses, esa imagen –aparentemente tan distante- puede servir para pensar sobre el verdadero impacto de la criminología crítica en el contexto hispano. El pensamiento de los criminólogos materialistas se introdujo en el campo académico español sustancialmente desde los márgenes. Pequeños grupos de trabajo, fundamentalmente ubicados en Barcelona, comenzaron a emplear los marcos teóricos críticos en su investigación. Por razones derivadas de las dinámicas propias de la constitución de los campos académicos, los trabajos de los autores anglosajones tuvieron un impacto limitado –con notables excepciones-, a diferencia de lo que sucedió con una de las ramas de la criminología crítica más influyentes en el contexto europeo, la italiana. En ese país, diversas circunstancias político-académicas condujeron a que las bases teóricas críticas sirviesen de fundamento para otras elaboraciones, como el derecho penal mínimo o el garantismo penal.

Esta es una de las razones que explica, con todas las licencias metafóricas, la pertinencia de la frase (completa) del titular de A/traverso para la cuestión analizada. Los planteamientos críticos, junto con otras influencias académicas, políticas e históricas, contribuyeron a que, durante décadas, se hiciese moneda común una mirada socioeconómica al funcionamiento material del derecho y el sistema penal. Este contexto analítico no es, en absoluto, obsoleto. Aún hoy resulta difícil marginar ese tipo de perspectiva en el análisis de lo punitivo o, más aún, hacer una afirmación de distanciamiento del garantismo. Junto a ello, varias de las aportaciones de la criminología crítica forman parte de nuestro acervo analítico común: el impulso de las encuestas de victimización, el estudio de la aplicación de las leyes y de su proceso de elaboración, la sospecha sobre el papel sustitutivo de las medidas penales alternativas, la importancia de las crisis y del desempleo en el funcionamiento del control social, la existencia de pánicos morales, el sesgo de clase en la penalización, y un largo etcétera.

Ni siquiera el devenir gerencial de la labor universitaria, la creciente centralidad de la investigación aplicada, o un contexto investigador más dependiente de la inversión privada, parecen en condiciones de poner fin a esta evolución epistémica. De hecho, el reciente desarrollo de los grados de criminología es una excelente oportunidad para reivindicar la universidad como institución que históricamente ha sido fuente fundamental en la formación de espíritu crítico y el ejercicio de la libertad de expresión, y no sólo un lugar de formación técnica de fuerza de trabajo. Hay pocas formas mejores de poner en práctica una de las enseñanzas más básicas de la corriente crítica.

Cuestión diferente a la influencia de la criminología crítica en el pasado reciente es la relativa a su posible impacto en el próximo futuro. Frente a lo que podría parecer por el tono optimista de lo dicho hasta ahora, la situación no se presenta excesivamente promisoria. Ante todo, lo que podríamos denominar el “sub-campo” académico de la criminología crítica aparece hoy, cincuenta años después, muy fragmentado. El sector británico, siempre muy activo, se encuentra organizado en el longevo European Group for the Study of Deviance and Social Control. Buena parte de los sectores europeo-continentales que son herederos de la criminología crítica han abandonado ese espacio. De forma aún más llamativa, los grupos anglosajones que se organizan en torno a la Division on Critical Criminology and Social Justice de la American Society of Criminology y a la Crime, Justice & Social Democracy Conference australiana parecen tener poco diálogo con el tronco británico, con excepción de los sectores que se desgajaron en dirección al realismo de izquierdas y, más recientemente, hacia la criminología cultural (Ferrell, Hayward y Young 2015; Van Swaaningen 2011).

Si la fragmentación podría no ser, en sí, un problema mayor, el desasosiego se reafirma cuando se presta atención a las innovaciones teóricas. Si se revisan algunas de las principales colecciones aparecidas en los últimos años (como DeKeseredy 2010; DeKeseredy y Drawiegicz 2011, 2014), o se hojean los fascículos de Critical Criminology, la impresión general es que los tópicos abordados y –en gran medida- el tipo de perspectiva con la que se afrontan no son en absoluto exclusivos, sino que pueden encontrarse en muchas otras vertientes de la academia criminológica o, incluso, socio-jurídica. Esto, como es evidente, permite una lectura optimista en el sentido del titular de A/traverso, que apunta a una recepción de la criminología crítica por sectores más amplios desde la transversalidad que implican sus propuestas. Si se repara, por ejemplo, en el importante desarrollo de la convict criminology, puede verse que casi no hay ninguna dirección de análisis trabajada por la criminología crítica que no forme parte hoy del amplio y proliferante conjunto de los saberes criminológicos.

Sin perjuicio de ello, la cuestión de la innovación, y su efecto sobre el impacto futuro de la criminología crítica, merece una reflexión adicional que, en su brevedad, presenta un evidente riesgo de reduccionismo. La experiencia del realismo de izquierdas a partir de los años 80 (Lea y Young 1984; Matthews 2014) evidenció, en gran medida, un problema que hasta hoy no parece tener solución (Downes, Rock y McLaughlin 2016): la criminología crítica no alcanza sus mayores cotas de innovación cuando se enfrenta a la tarea de explicar el delito y/o de diseñar planes y programas de prevención. Ese es un terreno en el que muchas otras orientaciones de análisis llevan un largo camino andado, que hoy forma parte del patrimonio común de los saberes criminológicos. Esta conclusión, con todo, no puede dejar de matizarse. El trabajo de la criminología crítica en el terreno de los “delitos de los poderosos” sigue siendo extremadamente fructífero (Barak 2015; Rothe y Kauzlarich 2016). En cambio, los resultados de la propuesta de desarrollo de una “zemiology” (Hillyard et al. 2004), encargada de analizar los fenómenos –delictivos o no- que producen daño social parecen por el momento bastante más ambivalentes.

Frente a lo apuntado, el tipo de análisis materialista que siempre ha caracterizado la criminología crítica sigue siendo imprescindible para pensar la reacción social y la respuesta institucional a los fenómenos que denominamos delitos. Obviamente, se trata, al menos desde la revolución epistémica vivida hace medio siglo, de una de las labores fundamentales del análisis criminológico. En consecuencia, la orientación crítica seguirá insertada en el núcleo de la criminología del próximo futuro. Algunas de sus ópticas, como las que enfatizan los sesgos de género y de raza/etnia/nacionalidad de lo punitivo hace tiempo que han dejado de ser patrimonio exclusivo –si es que en algún momento lo fueron. Otras, como las que proponen una perspectiva de clase o atenta a las tecnologías de poder que subyacen al desarrollo de la penalidad, siguen requiriendo el concurso imprescindible de la criminología crítica.

En suma, hay buenas razones para afirmar que los análisis críticos van a seguir siendo útiles y necesarios -tal vez aún más que en la etapa de auge de la criminología crítica-. No en vano, cuando se publicó The New Criminology apenas se habían desarrollado las dinámicas de mercantilización y valorización capitalista que han colonizado múltiples ámbitos vitales e institucionales, por entonces ajenos a esos procesos de acumulación. Aunque sólo sea por esta circunstancia, una mirada materialista sobre el delito y la penalidad seguirá siendo indispensable. Pocas tradiciones han contribuido tanto a cuestionar el sentido común y generar debate epistemológico y político, por lo que, al menos para quienes apreciamos esta tradición, la deuda como disciplina y el beneficio como investigadores seguirán creciendo en los próximos años.

Referencias bibliográficas

Barak G (2015) The Routledge International Handbook of the Crimes of the Powerful. London: Routledge.

DeKeseredy W S (2010) Contemporary Critical Criminology. London: Routledge.

DeKeseredy W S y Drawiegicz M (2011) Routledge Handbook of Critical Criminology. London: Routledge.

DeKeseredy W S y Drawiegicz M (2014) Critical Criminology. London: Routledge.

Ferrell J, Hayward K y Young J (2015) Cultural Criminology. London: Sage.

Hillyard P. et al. (2004) Beyond Criminology: Taking Harm Seriously, London: Pluto Press.

Lea J y Young J (1984) What is to be done about law and order. London: Penguin.

Matthews R (2014) Realist Criminology. London. Palgrave MacMillan.

Melossi D y Pavarini M (1977) Carcere e Fabbrica. Bologna: Il Mulino.

Rothe D L y Kauzlarich D (2016) Crimes of the Powerful: An Introduction. London: Routledge.

Taylor I, Walton P y Young J (1973) The New Criminology: For a Social Theory of Deviance. London: Routledge.

Van Swaaningen R (2011) Perspectivas europeas para una Criminología crítica. Montevideo: BdeF.

Rolf Loeber (5 de junio de 1942 – 6 de noviembre de 2017)

professor-rolf-loeberEstimados colegas:

El motivo de esta comunicación en nuestro blog de la Sociedad Española de Investigación Criminológica (SEIC) es informar a la comunidad académica española e hispano hablante del fallecimiento el pasado día 6 de noviembre de 2017, a la edad de 75 años, del profesor Rolf Loeber.

El profesor Loeber ha sido un criminólogo muy destacado. Se licenció en psicología en su país natal, Holanda, trasladándose en los años 70 a Canadá, donde se doctoró en la Queen’s University (Kingston, Ontario). Posteriormente se trasladó a Oregon, Estados Unidos, para trabajar con el profesor Gerry Patterson, y a partir de los años 80 se instaló en la University of Pittsburgh hasta su fallecimiento. Durante su larga carrera académica ha sido un investigador de altísima producción científica, habiendo liderado múltiples proyectos de investigación sobre delincuencia violenta, delincuencia juvenil, y transición desde la delincuencia juvenil a la adulta. Específicamente, fue director de tres destacados estudios longitudinales: el Development Trends Study (en que se analizaban los trastornos de conducta de 177 jóvenes con diagnóstico psicopatológico), el Pittsburgh Youth Study (un estudio de seguimiento de 1513 jóvenes varones), y el Pittsburgh Girls Study (relativo al seguimiento de 2451 chicas). Para el desarrollo de sus proyectos obtuvo en conjunto una financiación superior a 60 millones de dólares, lo que le permitió dar cabida a múltiples jóvenes investigadores, favoreciendo de ese modo sus respectivas carreras académicas. Como resultado de ello, el profesor Rolf Loeber ha sido autor de más de 450 publicaciones, incluidos libros, capítulos de libro y artículos científicos.

En particular, ha contribuido de modo decisivo al nacimiento y avance de la Criminología del desarrollo, para lo cual ha trabajado a lo largo de su vida con múltiples investigadores de primer nivel tales como los profesores Gerry Patterson, Richard E. Tremblay, Marc LeBlanc, Terence Thornberry, Terrie Moffit, Adrian Raine, Friedrich Lösel, Per Wikström, Alex Piquero y David P. Farrington. Con éste último ha colaborado en diversos proyectos y publicaciones durante más de treinta años. En el marco de la Criminología del desarrollo es bien conocida su teoría sobre “trayectorias hacia la criminalidad”. Por sus aportaciones ha sido reconocido con múltiples premios, como el de la División de Criminología del Desarrollo y del Curso Vital de la American Society of Criminology. Esta gran dedicación académica la hizo, además, compatible con sus propios intereses culturales y literarios sobre la historia, la arquitectura, la poesía y la novela en Irlanda. Al respecto publicó más de setenta trabajos y obtuvo once premios y reconocimientos, incluido su nombramiento como miembro honorario de la Royal Irish Academy.

Personalmente tuve la suerte y el honor de conocer y trabajar con Rolf Loeber a lo largo de cuatro años, en el marco del proyecto US Study Group on the Transition from Juvenile Delinquency to Adult Crime, financiado por el Departamento de Justicia Norteamericano. El resultado principal de este proyecto se concretó en el libro Juvenile Delinquency to Adult Crime (Oxford University Press, 2012), así como también en cuatro monografías de investigación en castellano publicadas en la Revista Española de Investigación Criminológica (REIC), entre 2011 y 2015. El profesor Loeber era una persona de una inteligencia y capacidad de trabajo excepcionales, pero sobre todo alguien que irradiaba entusiasmo, alegría y afecto. Por todo ello, su muerte constituye una enorme pérdida académica y humana para la Criminología. Descanse en paz.

Barcelona, 21 de noviembre de 2017

Santiago Redondo

Profesor de Criminología de la Universidad de Barcelona

Arranca el blog de la SEIC

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Es para mí un honor inaugurar el blog de la SEIC. Este blog pretende convertirse en un mecanismo más de difusión de nuestra sociedad científica que se sume a los ya existentes. Hay quien dice que la época de los blogs ya pasó. Y en un contexto en el que uno no sabe si su interlocutor digital es un bot, una organización ficticia financiada por intereses ocultos o un auténtico ser humano, no es de extrañar. Los medios sociales digitales últimamente han derivado hacia una especie de gallinero en el que se le presta más atención al que grita o insulta o al que es capaz de sostener posiciones más absurdas y menos ajustadas a cualquier concepción de la verdad. Y es una pena que haya también quien confunda la diferencia de opiniones y el debate científico y político con el troleo populista y narcisista. Ya argumentaba Neil Postman en su muy recomendable Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business que el formato condiciona el contenido del discurso.

No obstante, no podemos conformarnos con el debate público sobre cuestiones de delincuencia y justicia penal que nos ha tocado vivir. Quienes hacemos criminología nos dedicamos a ello, como muchos profesionales en otros ámbitos, porque aspiramos a que las cosas se hagan mejor. Y creo que la mayoría aspiramos a hacerlo con la ambición intelectual y la humildad política que Loader y Sparks consideran elementos claves de la criminología pública, como una forma de poner el conocimiento criminológico al servicio de la política. Pero también con la capacidad autocrítica e hipervigilante de nuestras propias autodecepciones pregonada por Richard Feynman en su famoso discurso sobre Cargo Cult Science.

Este blog pretende ponerse al servicio de los socios para de alguna forma dotar a nuestra sociedad científica de una plataforma adicional que permita contribuir a un debate público más respetuoso e informado sobre las cuestiones de interés criminológico. Otros blogs en el contexto español han tenido un gran alcance social. Pensad en Nada es Gratis o Politikon. Nuestro ámbito de interés es de muchas formas más específico que el de estos blogs de temas económicos y políticos. No obstante, las cuestiones que nos interesan despiertan una gran atención social y desde la Junta pensamos que es importante tener una mayor presencia en estos debates y dotar de una mayor inmediatez a nuestras aportaciones a los mismos.

El objetivo inicial es poder publicar una contribución al mes. Estas contribuciones se pedirán por parte de la Junta a determinados socios de la SEIC para que puedan dar su opinión sobre temas de actualidad. Desde el principio daremos la opción de que nuestros miembros se pongan en contacto con el equipo editorial del blog para proponer una entrada. No obstante, durante los primeros meses, hasta que el blog esté más estabilizado e institucionalizado y tengamos una idea de la carga de trabajo que suponga abrir la participación a escribir en el blog a personas a las que no contactamos nosotros primero, dichas posibilidades estarán más restringidas –ya que como para tantas otras cosas nuestra sociedad tiene medios limitados y depende de la generosidad de quienes prestan su tiempo de forma voluntaria. En este apartado podéis ver las instrucciones para autores.

Espero que todos estéis tan ilusionados con este proyecto como lo estamos nosotros. Hace ya más años de los que me gustaría reconocer tuve la loca idea de que publicáramos una revista digital. Gracias a vuestras contribuciones, y a la labor realizada por todos los editores que recogieron el testigo, la REIC es más fuerte que nunca y sigue creciendo en estatura. Confío que dentro de diez años cuando miremos hacia atrás, entre todos hayamos conseguido que este blog haya crecido también para convertirse en un punto de referencia a la hora de debatir cuestiones de delincuencia en nuestro país.

Juanjo Medina

Presidente de la SEIC

Fotografía de PepeLuz en Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)